César Melendez, un nicaragüense con sangre "Tica"
ROMPIENDO
BARRERAS, EN EL ESCENARIO DE LA VIDA
Laura Cordero
Calderón
“Pido perdón por trabajar en un país que no
es el mío, aunque en las cogidas de café, casi todos sean paisanos, y hasta uno
que es nica se pregunta qué pasaría con el grano si no estuviéramos aquí”. Yo
también soy nica, Roberto Soto.
Es
la hora, todo ya está listo para la función, el telón se abre a los ojos del
público y una luz resplandeciente
ilumina los rostros de los asistentes; la espera ha terminado y es el momento
de captar el mensaje que transmite la intervención del actor en el escenario.
La noche se encuentra un poco fría pero el entusiasmo opaca cualquier sensación
para pasar un instante divertido. Un hombre de piel morena, vestido de
campesino, con un pañuelo en su cuello, un sombrero de manta, una camisa blanca
y un delantal de carpintero en su cintura, sale a escena e inicia una
intervención de diálogo ameno con el público, con un acento humilde de campesino pero con una simpatía
que cautivaba. Anuncia el espectáculo del “circo del patrón”, el patrón de la
finca donde trabaja y el circo que crearon para aumentar sus ingresos. Inicia
el show “El circo de Chito”.
Un
corazón dividido por dos países al que ama, el amor por Nicaragua el país que
lo vió nacer y Costa Rica el país que lo vió crecer y donde sembró lo que es hoy; un moreno
multifacético que desde que vino al mundo ha estado en olfateando su vida en
busca de su esencia.
Sin
duda ese corazón pertenece a Cesar Meléndez Espinoza, un hombre que ha pasado
duros obstáculos en su vida, sacrificios y luchas, pero que su voluntad lo ha
llevado hacer lo que es hoy, un servidor de la sociedad por medio del teatro.
“No
sé quien voy a ser mañana…. Cesar es
un servidor, un trabajador, le sirve al
que pueda. Estoy para servir. Todo lo que he hecho hasta el momento es para
servir”, comentó Meléndez.
Sentado
en una silla de plástico, bajo un toldo al aire libre después de un espectáculo
privado, Cesar abre el libro de su vida para conocer a su verdadero ser, no al
Nica, al campesino o al cantante; sino a su verdadero “yo”, el niño de cuatro años que emigró a Costa Rica
en busca de educación.
El
frío normal de adentrada la noche se penetra por la camisa negra del actor,
con cabello negro amarrado con una liga
y una sonrisa de entusiasmo que a pesar
de la hora y el cansancio, no se apaga para aportar detalles de su recorrido
por la vida.
Con
tan solo cuatro años Cesar llega al país en brazos de sus jóvenes padres de 12
y 13 años, emigraron huyendo del padrastro de la mamá que iba a matar, “a mi
tata por semejante torta…entonces quién sabe qué película mexicana vio mi
tata que actuó exactamente igual y dijo, me robo a tu mamá y se la robó”.
El sacrificio de los padres es
valorado por el actor y demuestra ese sentimiento al explicar que hicieron para
sobrevivir en esta nueva tierra, “estoy sumamente agradecido con la vida, con
ellos de que hayan tenido la audacia de regalarme su pubertad para que mi
hermano y yo pudiésemos tener educación en un país diferente”.
En
busca de sobrevivencia
Llegaron a Costa Rica y
durmieron dos días en el Parque Central hasta que encontraron trabajo en lo
fuera, con tal de mantenerse en el nuevo país. El padre empezó arreglar
“chunches” y su madre a lavar y aplanchar en casas.
Con tan solo cinco años Cesar
empieza a trabajar “para ayudar a la casa”, como le decía su papá; los bajos
recursos en el hogar y un segundo hijo en brazos, obligaron a que se
convirtiera en el compañero de su padre como chofer de bus. Ese niño vivaz se
convirtió en el cobrador más pequeño de los buses de Tibás.
El sentido de responsabilidad
que yo cargo… no podemos imaginar un acto de irresponsabilidad, por que
abandonaron todo por amor, abandonando hasta su propia pubertad.
Por amor se hace cualquier
cosa, lo que sea, por la familia; eso fue los que hicieron los padres de este
nicaragüense; su padre ya sabía manejar y
a los 15 años le dieron un autobús para ayudarlo.
“Antes de tener cuerpo para
creer que tenía alguna edad mi tata vendía chicles en el cine Cid en Tibás, a
un costado de la iglesia”, tenía que ir con su papá, lo sentaba junto a él, y
el niño feliz de estar ahí y conocer el cine; ahí vió su primer película El Santo contra las momias de
Guanajuato, cine mexicano; lo recuerda con gran nostalgia y felicidad, sus ojos
brillan al recordar estos eventos de su vida que aunque era difícil él
disfrutaba de cada instante.
Su madre por otro lado se
ofrecía para limpiar casas, aunque
muchas veces dejaba los trabajos porque se sentía mal de que dijeran algo en
contra de ellos o los “nicas”. El sentido de humanismo de Meléndez se refleja
con la actitud de la gente hacia los extranjeros, muchos que tienen accesos no se imaginan la situación del inmigrante, como
son sus casas y solo quieren que le
sirvan.
La
gente con recursos que necesita de inmigrantes para servicios domésticos, se
abusa de su poder los discrimina y
explota, son mirados como poca cosa, que son ignorantes y solo causan daño; los
padres de este actor sufrieron esta discriminación, su madre fue humillada por
no saber usar una lavadora y el niño fue testigo de los malos tratos con sus
seres queridos.
El
actor desde joven tiene una sensibilidad a lo humano, a lo social y una de sus
mayores preocupaciones fue por su familia; sacarla adelante y darle lo que
necesitaban sus padres, era un acto de agradecimiento por lo que habían hecho
por él.
Su
padre siempre tuvo la iniciativa de darle estudio aunque eran analfabetas, no
sabe de donde tomaron esa sabiduría. Con
esa sabiduría natural nunca le
dijeron que sería solo una cosa. Tuvieron la visión de darle el estudio
rompiendo el ciclo de su país natal.
El
chiquillo siempre destacó por su liderazgo desde que estaba en la primaria
en la escuela Manuel Obregón Lizano, por su aspecto moreno y vivaz siempre
hacía de Juan Santamaría. Cursó la secundaria en el colegio Mauro Fernández donde fue presidente de sección, presidente
estudiantil, además cantante en la Rondalla; realizó varios proyectos para
institución, entre ellos la construcción de dos aulas, por medio de actividades
culturales como obras de teatro y espectáculos, además recibió apoyo de
partidos políticos de la época que creían en su liderazgo.
Todo
un joven líder, destacado y polifacético que no solo ayudaba a la institución
sino también practicaba el atletismo, corría con el equipo de atletismo del
colegio, con selección nacional para juegos nacionales, corría 400 metros planos
con la selección, era todo un luchador que rompía barreras.
Lo
que se hace por amor
Mientras cursaba el quinto año en
el colegio se enfrentó la prueba de su responsabilidad, “mi
papá tuvo un accidente de tránsito y estuvo como seis meses enfermo, alguien
tenía que hacerse cargo de la casa, dejé mis clases y me fui a buscar
trabajo... comencé a buscar un montón de trabajos que para algunos es penoso,
me tocó ir a un mercado a jalar verduras, vender carnes a domicilio”, comentó Meléndez.
Para
salir adelante jalaba verduras en el mercado Borbón de cuatro a seis de mañana
era el horario perfecto para luego poder ir al colegio terminaba a las 6:45 a.m. se alisaba y se iba al colegio, después
del colegio iba a una empresa a descargar un tráiler y pagaban le 800 colones
por cada uno.
Con poca edad Cesar ya había
asumido fuertes compromisos y fue su madurez, amor y su humanismo que motivaba día a día para ganarse los 7000
colones del alquiler de la casa, con sudor de su frente recolectaba colón por colón para mantener a
su familia.
Mientras buscaba mejores opciones
de trabaja una amiga le comentó sobre un anuncio de un grupo que buscaba
cantante, por insistencia de ella llamó y asistió a la audición, su talento se desbordó y fue
elegido cantante del grupo Blanco y Negro. Marcó éxito en la agrupación con la
canción “Esta cobardía” y luego con “Discúlpame”, canción que fue número uno en radioemisoras costarricenses y la más
solicitada en eventos privados.
Ese fue el inicio de este joven
nicaragüense, en la música deleitando a muchos en los bailes de salón y en las
radioemisoras, con su romanticismo.
En
la primera se huele la vida
Cesar
olfateaba su vida como su abuelo le había enseñado en busca del oficio idóneo,
en el proceso percibió el liderazgo que
lo caracterizaba e inició a estudiar Relaciones Internacionales en la Universidad
Nacional, con tan solo dos años de carrera la sinceridad de un profesor marcó su vida al cuestionarlo porque era “nica”, le
dijo que dejara la carrera.
El
abuelo le enseño aprender de la vida y era una bendición le decía que oliera la
vida, pero él solo respiraba profundo, porque cuando uno huele trata de
determinar a que huele aquí con varias respiraciones profundas pero es en la
primera que se huele de verdad, “en la primera uno actúa, en la primera uno
obedece en la primera se hace bien, con todo lo bien que se pueda”, en la
primera uno se equivoca porque en la que se sigue hay oportunidad de hacerlo
mejor. En medio de eso me enseño a que
lo hay que aprender a oler es la vida, si la vida le huele a clavos búsquese un
martillo”, explicó el actor con melancolía.
Su olfato cambio de
dirección y lo atrapó la PPS (Planificación y promoción social)
carrera multidisciplinaria impartida en la Universidad Nacional, para ser
promotor de desarrollo en una comunidad.
Los
escenarios del teatro le atrajeron cuando estaba en el Coro Sinfónico Nacional de Costa
Rica y apareció la oportunidad de montar una obra llamada Carmen, en ese
momento se dio cuenta que existía el
teatro.
Ingresó a la escuela de Artes Dramáticas de la
Universidad de Costa Rica y su primera obra fue “El Nica”, que era el trabajo
de tesis e investigación final.
El
inmigrante
El Nica fue inspirado en el
texto de Rodrigo Soto, “Yo también soy nica”, publicado en Tinta Fresca en la
Revista Dominical de La Nación en 1997; Rodrigo en el escrito se identifica en
los nicaragüenses y que piden perdón por llegar a este país a buscar mejores oportunidades.
Es un texto profundo y amplio
lleno de melancolía por las situaciones que viven las inmigrantes y el
sufriendo que viven por el desprecio. Cesar capta este sentimiento por sus compatriotas y su país natal; y toma
parte del texto para interpretar el monólogo “El Nica”, protagonizado por Jose Mejiya Espinoza, un obrero de construcción y humilde inmigrante
nica que dialoga con una imagen de Jesucristo.
“Pido perdón por haber padecido hambre y caminado siete días a través de la montaña para llegar a este país. Juro que si hubiera tenido plata pago pasaje de avión. O al menos me hubiera venido por tierra y le suelto una platilla al poli de la frontera, que con sólo verlo pasa necesidades como yo. Por eso, cada vez que me detienen, le doy gustosamente todo lo que tengo a los de migración, y si no llevo nada que entregarles, acepto de buena gana los golpes y patadas”, fragmento de texto de Rodrigo Soto.
Esta obra se desarrolla como un
proyecto de bien social por medio del Teatro La Apolea, el cual consiste en llevar teatro a los
lugares donde incluso no llega el teatro, no solo le llevan el espectáculo, sino también brindan un taller de
producción para enseñarle a pescar al público y darle las posibilidades de
llevar cultura a su propia comunidad.
“Lo que hacemos es formar líderes para la producción de espectáculos culturales y ellos mismos son los encargados de conseguir el patrocinio para cubrir los costos y todo lo que se vende, es decir las entradas quedan a favor de una obra social. De esta manera la gente ve teatro, hace partícipe a la empresa privada de un acto cultural, gana dinero por las entradas y al final de toda la gente dice que esto cosa se consiguió gracias a El Nica”, comentó Meléndez.
Además de esta obra se trabajan con proyectos con
obras como: Flora, Pobrezas, Fiesta de Margarita, actos para actividades
privadas como El circo de Chito.
Todas estas tienen la característica de hacer conciencia al público sobre problemas
sociales, dar sentido humano y sensibilizar ante las
situaciones.
En el circo de Chito, hay actos de asombro y
divertimento al público como el espejo que asusta, donde no es solo un espejo
sino un juego de palabras que dan un sentido lógico del mensaje.
Nos
asustamos con nuestro propio espejo, la culpa no la tiene el espejo, la tenemos
nosotros. “Cuando presentamos espectáculos nuestra ideología es que construimos a partir del proceso de
investigación a partir de la realidad lo más fiel posible. Ponemos un espejo y
alguien se identifica y se asusta de lo que está viendo es para que vea si debe cambiar”, destacó Meléndez.
“El
divertimento supera el trasfondo pero al caer un zanco uno no reacciona, la
idea es demostrarle a la gente que lo que está arriba puede caer, y cuando cae
el que ayuda es quien está arriba; porque lo que están más
alto les interesa que los que están arriba se mantengan arriba”, explica El
nicaragüense.
Es todo un discurso en medio del juego, hay un campesino que anda en medio de los que están
arriba, no forma parte del juego, pero
el ambiente desentone es el generador. Todo es un discurso crítico.
Con
toda una trayectoria de tropiezos y éxitos, este inmigrante recogido como
“tico”, proyectó un sentido de esfuerzo y superación; en un escenario expresa
tus ideas para servir y cautivar, provocando un impacto sea con un espejo que asusta o una conciencia
tranquila; un moreno vivaz y admirable que con sus palabras trasciende al corazón sensible de un “NICA”; y al final “Yo también soy nica”.

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